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  Real Madrid  
 

Jornada 38
(1-06-13)

REAL MADRID 4 - 2 OSASUNA

El Real Madrid se impuso por 4-2 a Osasuna en el último partido de José Mourinho al frente del equipo blanco. Lo de menos fue el resultado en un partido en el que el Bernabéu mostró las dos tendencias creadas por la figura del técnico. A favor o en contra, sin matices, sin grises. Y los hay, en la figura de Mourinho, como los hubo en el partido. Un encuentro que permitió al Madrid superar por cuarta vez consecutiva -cinco en toda su historia- los 100 goles en Liga. En tres temporadas lo ha hecho con el de Setúbal, un técnico que aterrizó en Chamartín con fama de defensivo. Pero volvamos al partido. No jugó Adán, sino Jesús Fernandez, y fue el mejor jugador blanco. Osasuna le sometió a un bombardeo casi incesante, que incluyó varios disparos desde fuera del área. Se mostró siempre sobrio y seguro, pero brilló incluso más en un cabezazo picado de Llorente y en un mano a mano ante Armenteros. Ambas jugadas con 0-0, lo que les daba más valor.

Lo que vino después fue una película muy vista en el Bernabéu. El Madrid necesitó cebar su ataque mucho menos, porque va sobrado de pólvora. Higuaín volvió a abrir la lata, un tanto apenas celebrado por el capitán, que quizá jugó su último partido de blanco, y Essien dobló la ventaja a la salida de un córner. Perfecta 'banana' de Özil e impecable cabezazo del ghanés. Al Madrid le bastó pisar ligeramente el acelerador para decantar el partido, pero una nueva caída de tensión -otra constante a lo largo de la temporada- permitió a Osasuna empatar y volver a soñar con darle una despedida de lujo a Ricardo. Gran gol de Roberto Torres, un estreno soñado en Primera, y un grave error de Nacho en la marca de Cejudo. Pero Özil volvió a ver la luz entre un bosque de piernas, y Benzema agradeció las manos blandas de Riesgo. Osasuna ya no se levantó, y Callejón cerró un partido que, durante largos tramos, se jugó más en la grada que en el campo. Sin matices. O blanco o negro. Y sería triste que el legado de Mou sólo diera para adhesiones u odios inquebrantables.

Copa del Rey 
Semifinales Vuelta
 (26/02/13)

 BARCELONA 1 - REAL MADRID 3 

Dos goles de Cristiano Ronaldo ponen al Real Madrid en la final de Copa. Los blancos voltearon los pronósticos y el marcador de la ida, favorable al Barcelona, gracias a dos goles de su estrella, que volvió a reivindicarse en un escenario que registró el insólito mutis de Messi. Raphael Varane, la gran aparición de la eliminatoria, cerró uno de esos partidos que son algo más que una victoria. Una inyección de adrenalina en vena para los blancos y otro bajonazo para los azulgranas, con la Champions, cuesta arriba para ambos, esperando a la vuelta de la esquina para definir la altura de sus temporadas. Dos años y medio después de su llegada, José Mourinho consiguió que un clásico se jugara con absoluto ajuste a su plan ideal. El Barça no salió a jugar con su ventaja, seguramente porque no sabe hacerlo, y el Madrid le cazó con los argumentos esperados: dos contras y un balón aéreo. Pero, en medio, el Madrid puso mucho más. Se comprimió en 20 metros y enjauló a Leo Messi, que estuvo tan desactivado como en San Siro. El sistema defensivo del Madrid funcionó como un reloj, y en el medio Xabi volvió a tirar de manual. Ahora, sopitas y buen vino hasta la visita a Old Trafford. Tan perfecto le salió el plan a Mou que el Madrid hizo muy temprano la parte más complicada: marcar gracias a un penalti de Piqué sobre Cristiano. No es la primera que el defensa del Barça queda en evidencia ante el portugués, que no tembló desde los once metros. Hace tiempo que Ronaldo espantó los fantasmas del Camp Nou. Ayer, supuso durante todo el partido una amenaza infinitamente superior a la de su eterno antagonista.

El Madrid se contagió de la determinación de Cristiano y de la frialdad de Varane, imperial en el centro de la defensa durante los 180 minutos. Ofreció siempre una salida de balón sencilla ante un Barça que, además no hilar en ataque, planteó una defensa de mantequilla. Robando y saliendo, el Madrid disfrutó de un buen puñado de ocasiones en el primer tiempo, mientras que el Barça sólo pudo aferrarse a un libre directo de Messi que se fue a milímetros del palo derecho de Diego. El segundo tiempo continuó emitiendo pésimas señales por parte del Barça. Apenas Iniesta. Ni Messi, ni Cesc, ni Xavi, ni Pedro, más preocupado de ir al suelo que de jugar, buscando eco a las venenosas palabras de la previa sobre el colegiado. Las peores pesadillas de los locales se hicieron realidad con un pelotazo de Khedira que cazó Di María. Por una vez, el argentino eligió bien en ataque -en defensa se vació ayudando a Arbeloa-, hizo un nudo a Puyol y remató, pero Pinto salvó. El balón suelto llegó a Ronaldo, que no perdonó. 0-2. Era su clásico. De nuevo. Varane puso un cierre casi 'hollywoodense' al enésimo duelo entre los dos gigantes. El junco francés, que sostuvo al Madrid en la ida y lo rescató con un cabezazo de libro, repitió frentazo, que esta vez clavó en la escuadra de Pinto. El francés surge como el gran triunfador del cruce que devuelve al Madrid a una final de Copa dos años después. Y Cristiano se confirma. Claro que, en su caso, no es noticia.

 

Champions League 
Semifinales Vuelta  (30/04/13)

    REAL MADRID 2 - 0 BORUSSIA DORTMUND 

Dos goles de Benzema y Ramos en los últimos diez minutos dejaron al Madrid al borde la final de la Champions por tercer año consecutivo. Pero los tantos llegaron demasiado tarde, en especial si se recuerdan las tres clarísimas ocasiones que los blancos desperdiciaron en el primer cuarto de hora y que pudieron haber definido un guión de partido totalmente distinto. Pero no; al final fue el mismo de los tres últimos años. Un cuarto de hora de ceguera condenó al Madrid. Se cumplió casi completo el ritual de las remontadas. Al final faltó el gol, sólo uno, ese elemento para algunos tan prosaico que, para quitarle lustre, se suele atribuir casi de forma exclusiva a eso que llaman pegada. Así, sin más. Y el Madrid es, por supuesto, el rey de la pegada. Si tal cosa es cierta, esa virtud (para algunos un defecto) le abandonó en el momento más inoportuno. Saltó a un Bernabéu inflamado, poblado por 85.000 fieles que creían ciegamente que sí, que era posible. Y lo cierto es que, de salida, lo pareció. Con un centro del campo compuesto por Modric y Xabi, el Madrid presionó arriba, recuperó con rapidez y circuló con rapidez la pelota. Los blancos supieron encontrar grietas por dentro y pudieron remontar la eliminatoria en un cuarto de hora. Así, como suena. Higuaín volvió a evidenciar su desamor con la Champions fallando un mano a mano con Weidenfeller en el minuto cuatro, aunque lo peor estaba por llegar. Cristiano tuvo un remate que en uno de esos días tontos que suele tener, de dos o tres goles, hubiera embocado (minuto 9). Y Weidenfeller volvió a aparecer para negarle el gol en el 14', tras un extraordinario pase de Xabi Alonso. Pese a todo, el Bernabéu creía, los jugadores creían. El Borussia olía a miedo. El desgaste de los blancos estaba siendo enorme, pero el premio tenía que llegar. El regalo quedó envuelto para Mesut Özil, que se plantó solo ante el meta rival. Tuvo tanto tiempo para pensar, tantas opciones para elegir, que apostó por la peor. Tenía entregado a Weidenfeller, vencido ya, pero quiso ajustar tanto que la envió fuera. Era el minuto 16.

El error de Özil desarmó al Madrid. Otro cuarto de hora nefasto, esta vez en ataque, que, unido al arranque del segundo acto en Dortmund, han sellado su tumba por tercera semifinal consecutiva. Cierto que enfrente hubo un gran equipo, que supo bajas pulsaciones tras un inicio terrorífico. Pero, tras el error de ÖZil -a un nivel bajísimo en los dos partidos ante sus paisanos- al Dortmund ya no le inquietó nada. Ni siquiera la lesión de Götze, que se marchó en pleno huracán blanco. Salió Grosskreutz y el mecano siguió funcionando igual. Adelantó la línea de presión, diluyó a Modric y empezó a encontrar a Lewandowski, que tuvo el 0-1 en un tremendo despiste de Ramos. También fue al principio, porque después no se jugó. El Borussia no quiso y el Madrid no pudo. La historia del partido parecía escrita, pero el segundo tiempo escondía un giro de guión pleno de dramatismo. Tras la pausa, el Madrid se fue descosiendo, y Lewandowski estrelló el 0-1 en el travesaño. Diego López le hizo un paradón tremendo a Gündogan y de nuevo el delantero polaco, histórico verdugo blanco en esta eliminatoria, rozó su quinto gol en el cruce. Los cambios dieron vida al Madrid. Sin Cristiano -la evidencia de su precariedad física se hizo patente en la segunda mitad-, Kaká oxigenó la zona de creación y varias situaciones de peligro. También salió Benzema, inexplicable suplente en partidos de este tipo. Aportó definición quirúrgica en el 1-0 y sangre de pez en la asistencia del segundo para Ramos, que acabó el partido imperial, convertido en káiser de todos los ataques blancos. Pero fue demasiado tarde. Sobre todo después de fallar lo imposible en un primer cuarto de ceguera letal.

 
     
     
 
     

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